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Shahin Awal (Basmati): "Yo tengo la opción de vender mis antigüedades. A otros ya no les queda ni eso"

Shahin Awal, propietario del mítico restaurante hindú Basmati, en la calle Caro del palmesano barrio de Santa Catalina, es un mallorquín más. Hace 30 años que abandonó su Bangladesh natal para "demostrar a mi padre que podía ser un hombre de provecho". Y a fe que lo ha conseguido. Ahí nada puede hacer el coronavirus.

La triste realidad pandémica no hace mella, no puede hacer mella, en la dignidad de un Awal que se puso "delante de los fogones cuando tenía 17 años", pero sí que ha puesto en una situación muy delicada un "negocio que es mi vida, por el cual he sudado y llorado mucho".

Shahin no piensa rendirse, esa opción no entra en su cabeza. "Nunca había ofrecido la posibilidad de poder recoger el menú en el establecimiento, pero es que con la actual situación no queda otra. Nuestros clientes más fieles, aquellos que más nos quieren, ya han empezado a hacer sus pedidos, pero lo cierto es que todavía hay mucha gente que no sabe que ofrecemos esta posibilidad. Además, cada vez somos más los restaurantes que ofrecemos esta opción y el mercado no es tan grande".

El Basmati contaba, hasta no hace demasiado tiempo, "con un equipo de seis personas. Ahora mismo estoy solo". "Voy a buscar opciones para seguir luchando, para poder abrir la persiana al día siguiente. De hecho, ya he vendido algunas de las antigüedades que he ido acaparando a lo largo de toda mi vida y que hasta ahora decoraban el local. Es duro, porque son como mis hijos, pero lo cierto es que soy afortunado. Hay gente que ni siquiera tiene esta opción de vender estos objetos y así poder aguantar unos días más".

Esa es la incertidumbre, el miedo que atenaza a la mayoría, pero que, de momento, no puede con Shahin. "No hemos recibido ninguna ayuda de la Administración. Nos hemos adaptado a todas las restricciones que nos han ido poniendo hasta la fecha, hasta que ahora ya definitivamente nos han impedido abrir las puertas a nuestros clientes. Todos tenemos algo ahorrado para poder pasar una o dos semanas malas, un mes, pero es que llevamos sufriendo esta situación hace ya casi un año".

Awal fija su mirada en otros países europeos, "donde los gobiernos han abonado porcentajes que rondan el 70 por ciento de lo facturado durante el año anterior a los restauradores. Aquí no ha ocurrido nada de eso. Pero es que además nos siguen cobrando las tasas de basura y nos suben el precio de la luz. No se plantean condonarnos parte de la deuda que hayamos podido contraer con la Seguridad Social y, visto lo visto, ni siquiera tienen intención de dejarnos trabajar".

"La situación es difícil, eso es evidente. No existen recetas mágicas. Pero lo que no tiene ningún tipo de sentido es que a nosotros no nos permitan ningún tipo de actividad, respetando distancias y reduciendo aforos, mientras los colegios siguen funcionando con normalidad y los autobuses públicos vayan llenos hasta los topes", lamenta con tristeza Shahin.

Shahin Awal reconoce que "ahora mismo es como si hubieran echado un cubo de agua fría encima de todos mis sueños. La situación sanitaria en mi país está bastante más controlada, pero yo no me quiero ir. Este es ahora mi hogar. Quiero pelear. Y si algún día vuelvo a Bangladesh, lo quiero hacer con la cabeza alta".

Actualizado: 14 de marzo de 2022 , , , , ,

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