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Si usted es tonto, no crea que nosotros también lo somos

Señor Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente del Gobierno de España:

Su mandato al frente del Ejecutivo, sobrevenido sin haber ganado las elecciones y después de cosechar los peores resultados antes nunca jamás conseguidos por su partido socialista en la historia democrática de España, se está convirtiendo en un rosario de despropósitos y, lo que es peor, una sarta de pretenciosos engaños demagógicos que solamente consiguen el aplauso de algunos de sus obnubilados seguidores.

No hemos podido olvidar todavía sus viajes privados a bordo del avión oficial del Estado, que pagamos todos los ciudadanos a través de nuestros impuestos, al evento festivo del concierto pop de Castellón o, más escacharrante aún, a la boda de su dilecto cuñado en La Rioja, siempre en compañía de su esposa. Esposa, por cierto, colocada en un suculento puesto de trabajo creado expresamente para ella en una empresa lobista que, ¡oh casualidad!, sobrevive a través de subvenciones de su propio Gobierno. Tampoco olvidamos que, después de tan solo dos escasos meses en el puesto, ya se largó de vacaciones a unas instalaciones públicas del Estado a las que los ciudadanos de a pie nunca hemos podido acceder. Y, por si todos estos ejemplos no bastaran ya para definir su talante y modo de entender lo que es el servicio público y el socialismo, ahora se nos descubre como un auténtico demagogo.

Sí, señor presidente, demagogo de la peor escuela.

El anunciar a bombo y platillos que desde ahora serán las empresas bancarias las que pagarán el impuesto sobre los actos jurídicos documentados que se abona al constituir un crédito hipotecario es una auténtica estafa y un engaño a los ciudadanos. O, mejor dicho, un querer engañarles ya que, afortunadamente, hay muy pocas personas en España que no aperciban que lo que ha hecho usted es un brindis al Sol, ponerse el mundo por montera y hacer un maléfico juego de birlibirloque. Finalmente, la realidad de los hechos hará que usted se crea que ha marcado un gol a alguien y a quien realmente se lo ha endosado de verdad ha sido a los de siempre, a nosotros, a los ciudadanos que ya estamos bastante más que hastiados de políticos como usted.

Las empresas del ámbito financiero, los bancos, son eso: empresas. Como tales operan en el mercado y en el contexto que marcan las leyes del Estado, incluida la Constitución. En ese nomenclátor legal se determina que toda empresa –repetimos, en el estricto cumplimiento de las leyes– puede requerir a sus clientes las contraprestaciones económicas que considere adecuadas y oportunas a cambio de los servicios o bienes que les ofrece. Es decir, que un banco le podrá cobrar a un cliente lo que le parezca conveniente a cambio de un crédito hipotecario. Solamente la competencia entre los propios bancos determinará la posición de cada uno de ellos a la hora de establecer sus tarifas. Y si alguno de estos bancos o todos ellos consideran que deben incluir en esa tarifa el coste que supone para ellos el pago al Estado del impuesto sobre los actos jurídicos documentados, pues lo harán. Y punto.

Y llegados a este punto es donde nos percatamos, una vez más, que usted puede ser todo lo tonto que quiera, pero que de ninguna de las maneras podemos permitirle que se crea que nosotros estamos a su misma altura. Enfatizar engolado como un pavo que “desde ahora serán los bancos los que pagarán el impuesto de las hipotecas” es, reiteramos, o de tontos o de alguien que se cree que los demás somos más tontos que él. Los bancos pagarán el impuesto en primera instancia, claro, pero luego lo repercutirán si quieren y desean a sus clientes. Y serán los clientes los que, finalmente, apoquinarán este impuesto que usted, señor Sánchez, no ha querido eliminar.

Porque ahí está el quid de la cuestión. Usted no ha querido eliminar este impuesto, un impuesto que solamente en España alcanza estos niveles y que en países tan adelantados como los del resto de la Europa comunitaria o es residual o, simplemente, no existe. Usted, señor Sánchez, ha demostrado, una vez más, el límite que tiene su capacidad de innovar y apostar por el bienestar verdadero de los ciudadanos. Se ha limitado a lanzar un cohete de feria que ha estallado en la cara de los pobres paganos, de nosotros, de los ciudadanos.

Señor Sánchez, su propuesta de que pagarán el impuesto de las hipotecas los bancos es una propuesta vacía, falsa y mentirosa. Y, además, nos la ha querido endosar como la gran idea de un dilecto líder social, de un faro del trabajador socialista, de un protector de las clases oprimidas cuando no ha sido más que un juego de manos de un tahúr sin recursos, sin apoyos y sin futuro.

¡Qué pena! Nos gobierna un tonto y se cree que todos los demás somos más tontos que él.

 

Actualizado: 14 de marzo de 2022 , ,

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